El Nuevo Herald / Arts and Letters

July 2012

Women in the camera obscure before the world

By Adriana Herrera

 

'Domestic Duality', 2012 by Patricia Schnall Gutiérrez, photographic printing on paper, 10 x 8 inches each. COURTESY / Dina Mitrani Gallery

 


Great photographers or artists who used the camera as, many enduring works have emerged from a capable female perspective in the realm of the ordinary things, or within the family, capturing the micro-story: that small lives, almost invisible plot not consisting of large events, and that however delineates the imaginaries that constitute the world.
There are many photographers who helped establish the architectural memory of the world - New York de Berenice Abbott, the São Paulo of Hildegard Rosenthal, the Berlin industrial of Hilla Becher, or that only Candida Hoffer inquiry in public settings that captures without human presence. Others, like Tina Modotti or Gerda Taro set to always images of social struggles or war. But the inquiry in the conflicts of the emotional intimacy, the boundary between public and private, and dualities associated to the genre has been addressed with a force able to intimidate by photographers like Eleanor Antin, French Woodman, Diane Arbus, among other artists with his work excavating the borders of identity as Katti Grannan, Roni HornAnnie Leibovitz, Sophie Calle, or Cindy Sherman.
Women completo Perspectives, (perspectives of female) display at Dina Mitrani Gallery, exposes the gaze of the world through the Camera Obscura which clog local artists of different nationalities and generations: Patricia Schnall Gutiérrez, Deborah Goldman and Peggy Levison Nolan, born in the United States; the Argentine Navy Font and Viviana Zargón; Venezuelan Amalia Caputo and the Spanish Vicenta Casañ. The pieces were conceived as series grouped together so that they form a composition on the structure of cinematic storytelling.
Seven photos - as days of the week - Domesticated, Marina Font, uses various household objects - pan, colander, broom, casting, a device for washing, a sign that says yield - and a baby covering the face of a women who directs her work evoking stories that have in common the "ab-denial," as a gesture that can erase the signs of self expression. She discovered it in his grandmother, married to a general, when the Patriarch died and could meet strong poetry that she had written over silent years. Font, born in the 1970s, shares Schnall - born in the 50's - that duality between parenting and creation, which happens even with a good companion, by the battle against time. "Own room" of Virginia Woolf requires hours of solitude for art.
Schnall, Domestic Duality, series is a sequence of self-portraits in the interior of a house where she moves, with her face covered by hair and wrapped in linen decorated with huge "polka dots" to collapse on the floor. That same pattern associated with dance, and a kind of domestic happiness, is transformed into red dots that recall an imperceptible violence on the surface. The aesthetic of the color points, forwards to the pioneering pop and feminist art of Yayoi Kusama, and demystifies the appearance of a domestic happiness which makes the inaudible voice of women as being itself. In the series of Caputo, From the Void (in vacuum) the nudity of the female body is covered with "pictures". Although neither have face - a mechanism that, according to several artists, invites you to "put their own" - there is some sort of creative unfolding as collages with fragments of body parts override dress, although its coverage does not always cover the most vulnerable areas. Casañ, on the other hand, plays in the weight of things with an oversized "Pearl necklace" that just tangled dance of the portrayed woman attempt.3


ORIGINAL SPANISH TEXT

Mujeres en la cámara oscura ante el mundo


ADRIANA HERRERA
ESPECIAL/EL NUEVO HERALD
Entre las grandes fotógrafas o artistas que usaron la cámara como medio, muchas obras perdurables han surgido de una perspectiva femenina capaz en el reino de las cosas ordinarias, y en lo familiar, captando la micro-historia: esa trama interior de las pequeñas vidas, casi invisible, no constituida por grandes acontecimientos, y que no obstante delinea los imaginarios que constituyen el mundo.
Existen numerosas fotógrafas que ayudaron a constituir la memoria arquitectónica del mundo -el New York de Berenice Abbott, la Sao Paulo de Hildegard Rosenthal, la Berlín industrial de Hilla Becher, o esa indagación única de Cándida Höffer en escenarios públicos que capta sin la presencia humana. Otras, como Tina Modotti o Gerda Taro fijaron para siempre imágenes de las luchas sociales o la guerra. Pero la indagación en los conflictos de la intimidad emocional, en el límite entre lo público y lo privado, y en las dualidades asociadas al género ha sido abordada con una fuerza capaz de intimidar por fotógrafas como Eleanor Antin, Francesa Woodman, Diane Arbus, entre otras artistas que excavan con su obra las fronteras de la identidad como Katti Grannan, Roni Horn, Annie Leibovitz, Sophie Calle, o Cindy Sherman.
La exhibición Women’s Perspectives, (Perspectivas de mujer) en Dina Mitrani Gallery, expone la mirada del mundo a través de la cámara oscura que obturan artistas locales de diversas nacionalidades y generaciones: Patricia Shnall Gutiérrez, Deborah Goldman y Peggy Levison Nolan, nacidas en los Estados Unidos; las argentinas Marina Font y Viviana Zargón; la venezolana Amalia Caputo y la española Vicenta Casañ. Las piezas fueron concebidas como series agrupadas de modo que conforman una composición conectada a la estructura de la narración cinematográfica.
En las siete fotos –como días de la semana– de Domesticated, de Marina Font, diversos objetos domésticos –cacerola, colador, escoba, bastidor, un aparato para lavar, un cartel que dice ceder el paso– y un bebé cubren el rostro de las mujeres a quienes dirige su obra evocando historias que tienen en común la “ab-negación”, como gesto que puede borrar las señas de la expresión propia. Ella misma la descubrió en su abuela, casada con un general, cuando el patriarca murió y pudo conocer la fuerte poesía que a lo largo de silenciosos años ella había escrito. Font, nacida en los años 70, comparte con Shnall –nacida en los años 50– esa dualidad entre la crianza y la creación, que ocurre aun teniendo un buen compañero, por la batalla contra el tiempo. La “habitación propia” de Virginia Woolf exige horas de soledad para el arte.
La serie de Shnall, Domestic Duality, es una secuencia de autorretratos en el interior de una casa donde ella se desplaza, con el rostro cubierto por el cabello y envuelta en sábanas decoradas con inmensos “puntos polca” hasta desplomarse en el suelo. Ese mismo patrón asociado a la danza, y a una suerte de felicidad doméstica, se transforma en puntos rojos que rememoran una violencia imperceptible en la superficie. Esa estética de los puntos de color, remite a la pionera del pop y del arte feminista, Yayoi Kusama, y desmitifica la apariencia de una felicidad doméstica que hace inaudible la voz de la mujer como ser en sí. En la serie de Caputo, From the Void (Del vacío) la desnudez del cuerpo femenino se cubre con “cuadros”. Aunque tampoco tienen rostro –un mecanismo que según varias artistas invita a “ponerle el propio”– hay una suerte de desdoblamiento creador pues las piezas de collages con fragmentos del cuerpo suplantan el vestido, aunque su cobertura no siempre tape las zonas más vulnerables. Casañ, por su parte, juega en El peso de las cosas con un sobredimensionado “collar de perlas” que acaba enredando el intento de danza de la mujer retratada.